Los Francmasones

La soberanía masónica pertenece a la universalidad de los Francmasones activos, reunidos en Logias, formando parte de la Federación del Gran Oriente de Francia. Esta soberanía se ejerce por sufragio universal.

La Francmasonería posee señales y emblemas cuyo verdadero significado simbólico no puede revelarse sino por la iniciación, vivida ésta como una liberación. Estas señales y estos emblemas presiden, bajo formas determinadas, en los trabajos de los Francmasones y permiten a éstos reconocerse.

La iniciación implica que hay superiores grados. Los tres primeros son el de Aprendiz, el de Compañero y el de Maestro, que es el grado que da al Francmasón la plenitud de los derechos Masónicos.

En las reuniones masónicas, se coloca a los todos los Francmasones bajo el nivel de la igualdad. No existe entre ellos otra distinción el la jerarquía de los oficios. Todas las funciones masónicas son electivas, temporales y benéficas.

Los masones son hombres y mujeres de todos los orígenes y más o menos informados de las actividades masónicas, que cruzaron la línea entre la Masonería y el "mundo profano", llamando a las puertas de uno de nuestros locales, que llamamos "Logias", para unirse a la masonería y participar en los trabajos y reflexiones de los hermanos y hermanas masones. A menudo un profano es presentado o apadrinado por un amigo masón, pero el método más habitual es el contacto, de forma espontánea y particular, con alguna de las sedes de las diferentes logias  de la masonería Universal. Para ser un Francmasón, basta con ser un ser una persona honesta, honrada y de buenas costumbres; ser físicamente capaz de pagar sus cuotas y de acordar trabajar diligentemente en una o dos reuniones mensuales de su Logia.

 

Sin embargo, los masones son, ante todo, hombres y mujeres con sus defectos y cualidades, que aún estando lejos de ser perfectos, su mayor mérito es la voluntad de mejora personal.

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