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NOTICIAS

QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA MASONERÍA

La Masonería no es un ismo, masonería no es masonismo. No es un dogma ideológico, es una actividad de esclarecimiento permanente, un esclarecimiento que se realiza mediante un método complejo, que se desarrolla en base a diferentes métodos complementarios.

A saber:

  • a) Un método de relación personal
  • b) Un método de dinámica de grupo en el interior de las Logias
  • c) Un método organizativo.
  • d) Un método de introspección.
  • e) Un método de especulación simbólica.
  • f) Un método de educación de actividades vitales y sociales.
  • g) Un método de interiorización de valores.
  • h) Un método unitario de posiciones ideológicas diversas
  • i) Un método de crecimiento personal.
  • j) Un método de puesta en común.

 

Lo que es y lo que no es el método masónico y la masonería en si misma puede resumirse en los siguientes 33 puntos:

01. La iniciación no es un fenómeno puntual y momentáneo, sino que es un proceso, aunque pueda representarse en una ceremonia. La iniciación no se da, se provoca

02. La iniciación no es una experiencia sacramental o mágica, sino un método de aprendizaje psicológico.

03. La iniciación masónica no es un camino de salvación de carácter religioso o esotérico, sino un proceso de autoesclarecimiento y, como tal, es compatible con toda fe religiosa o esotérica que no anule la libertad del individuo, así como también lo es -en el caso de la masonería que representa el Gran Oriente de Francia- con el agnosticismo y el ateísmo. No sería compatible con una postura de nihilismo radical que negara cualquier sentido de la trascendencia o inmanente al mundo, que interpretara al Universo como un puro caos sin orden posible, o que negara que, a pesar del desorden aparente, hay un Cosmos.

04. La iniciación masónica no es el único método de esclarecimiento, sino que es uno más. Existen otros, incluso existen experiencias vitales espontáneas que tienen virtualidad iniciática en cuanto que provocan un aumento de conciencia del individuo, una nueva y más responsable actitud ante la vida, como , por ejemplo la maternidad/paternidad, la compasión ante el dolor ajeno, la emoción estética, la creación artística, la experiencia ante la muerte, etc.

05. El método de iniciación masónica está conservado en sus rituales, que han sido elaborados a lo largo de un proceso de decantación histórica y que sirven, cada uno con su particular estilo, a una especifica ecología emocional y simbólica mediante un sutil equilibrio de gestos y palabras que no puede ser alterado arbitrariamente.

06. El método masónico no impone una unidad ideológica a quien la practica, sólo dota de un marco axiológico general que admite y exige pluralismo en su interior.

07. El método masónico se basa en la funcionalidad de los símbolos constructivos para articular un imaginario emancipador de la conciencia individual.

08. La logia masónica no es un grupo de presión.

09. La logia, no da consignas a sus miembros que condicionen sus vidas privadas, su actividad profesional o el desarrollo de cualquier cargo público.

10. Las logias masónicas no hacen proselitismo, ni marketing, para buscar nuevos adherentes. Las Logias tienen libertad para dar a conocer su existencia.

11. Nadie está obligado a guardar en secreto su condición de masón.

12. La Masonería no es una organización clandestina.

13. Todo Masón se compromete, por el simple hecho de serlo, a intentar vivir como un ciudadano ejemplar.

14. La Masonería no es una secta, ya que no busca la sumisión de sus miembros a ningún líder ni gurú, sino que, por el contrario, ofrece a cada uno de sus miembros un camino personalizado de autoaprendizaje para mejorarse a sí mismo. La Masonería no admite menores de edad en sus logias y se dirige a personas libres dotadas de autonomía como individuos. La logia no somete a sus miembros a ningún tipo de dirección espiritual.

15. El simbolismo masónico es esencialmente polisémico y no admite una interpretación monista o clónica.

16. El método masónico implica racional y emocionalmente a sus practicantes, apelando a su parte verbal-racional-consciente y también a su parte no verbal-afectiva-inconsciente.

17. La Logia, en la masonería que representa el Gran Oriente de Francia, reúne la doble condición de ser un grupo iniciático y una sociedad de pensamiento.

18. La Masonería no es un sindicato de intereses ni una sociedad mutualista, a pesar de que se compromete a ayudar a sus miembros en la medida de sus posibilidades y dentro de lo que es lícito.

19. La Masonería no es un club social, aunque en su entorno puedan nacer vínculos de amistad personal y de relación social.

20. La Masonería no es una organización de caridad, aunque pueda apoyar la creación y mantenimiento de actividades humanitarias y de bienestar social.

21. La Masonería no compite con ninguna confesión religiosa ni con ningún partido político, pero se adhiere al valor político de la libertad y el respeto a los Derechos Humanos.

22. La Masonería no tiene una estructura dispuesta para la acción política organizada, ni busca poder político.

23. La Masonería no es una asociación cultural recreativa, aunque pueda dar lugar a iniciativas culturales o de ocio.

24. La masonería no es una empresa mercantil, ni actúa movida por ningún ánimo de lucro, aunque pretende poseer la suficiencia económica necesaria para el desarrollo de sus funciones.

25. La Masonería combina, en su organización y funcionamiento, la verticalidad iniciática con la horizontalidad democrática.

26. La Masonería no está organizada como una estructura mundial o internacional, sino que se organiza nacionalmente en federaciones de logias, denominadas Grandes Logias o Grandes Orientes. El ideal de la masonería es el de "un masón libre en una logia libre".

27. La logia o grupo local es la base del trabajo masónico.

28. El fundamento básico de la masonería es la experiencia de autoconstrucción personal, conformada por las hermandades de constructores y posteriormente elaborada como un método de construcción personal y social: "Lo que tú haces, te hace"

29. La Masonería no propugna una ideología política determinada, concreta y detallada, pero sí unos valores generales que deben concretarse en cada momento histórico: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

30. En el seno de la masonería liberal es esencial la aportación de la mujer en tanto que maestra de su propia arquitectura interior, con el mismo rango del varón.

31. La Masonería no es una institución didáctica ni doctrinaria. La logia no enseña, solo suscita, sugiere, provoca, despierta e impregna.

32. Las Declaraciones de Derechos y Deberes Humanos son referencias axiológicas esenciales de la masonería.

33. La arquitectura simbólica con la que trabaja la masonería pretende que cada masón haga de su vida una verdadera "Obra de Arte de Sabiduría, Fuerza y Belleza", y que contribuya a hacer del mundo un lugar donde sea posible "la Paz,el Amor y la Alegría".

A esta práctica la denominan los masones el "Arte Real".

Pepe Rodríguez
"Masonería al Descubierto"

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Los Ritos

 

Perfeccionado durante siglos, el lenguaje simbólico de los ritos tiende hacia lo universal y permite que los miembros se reúnan, lejos de las restricciones de la vida cotidiana y más allá de las divisiones de costumbre.

La hermandad masónica, de la cual la logia es el crisol, es un lugar de cuestionamiento y debate entre personas bienintencionadas, independientemente de sus creencias. La confrontación de las diferencias con el objetivo de comprender lo que constituye la unidad del ser humano es por tanto una de las claves para el proceso de iniciación.

La dimensión de iniciación es la herramienta esencial que permite al masón a descubrir un sentido a su existencia y de transmitir ese sentido en el de la humanidad esfuerzo hacia la emancipación. En el GODF, el Rito francés -de hecho la versión francesa del rito de la Gran Logia de Londres exportados a París en la década de 1720- es hoy el rito más practicado.

Pero los otros ritos que han marcado la historia de la Orden: el Antiguo y Aceptado Rito Escocés (1804), el Rito Escocés Rectificado (1776), el Rito de Memphis-Misraim (1813) y el Rito de York (1817), han encontraron, todos y cada uno de ellos, su lugar en la Orden durante su larga historia. Estos ritos son concebidas como instrumentos para alcanzar el conocimiento y todos se practican actualmente en el Gran Oriente de Francia.

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Los Principios de la Masonería Universal

La Masonería centra su esfera de interés en el ámbito de la sociedad en la que se desenvuelve, alejada de utopías etéreas. Es sensible, por tanto, a las inquietudes y necesidades del mundo que nos rodea. Es ahí donde intenta sembrar sus ideales.

Tiene por misión preparar la Concordia Universal y debe por ello mejorar tanto al ser humano como a la sociedad. La masonería se define como una Institución esencialmente filosófica, filantrópica y progresiva.

Filosófica porque ama la verdad, filantrópica porque ama a la humanidad y progresiva porque no se confina al pasado.

La masonería concibe la marcha evolutiva de la humanidad con arreglo a una filosofía de la historia, que está contenida en sus símbolos y leyendas. La Institución tiene carácter de Academia para enseñar dicha filosofía y forjar en ella las conciencias de los hombres.

Como toda asociación que aspira a realizar fines dentro de la comunidad humana, no puede permanecer al margen de sus problemáticas concretas. Por ello la Francmasonería agrupa en su seno a personas de diferentes ideologías, para estudiar e impulsar lo que hay en ellas de común en beneficio de la humanidad, convirtiéndose así en Centro de Unión.

La Institución cree que únicamente en una sociedad regida por los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, puede ser respetada la dignidad humana, que implica el pleno derecho a su desarrollo, por el libre ejercicio de sus potencialidades para enriquecer su vida con toda clase de bienes.

La masonería aspira a un Orden Universal, democrático y cosmopolita, en el que los hombres y los pueblos colaboren y se beneficien mutuamente en su libre desenvolvimiento a través de su Unión, Solidaridad y Cooperación. En consecuencia reconoce y proclama en su totalidad la Declaración Universal de Derechos del Hombre, aprobada por las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, y trabaja por el desarrollo de un Orden Social que garantice tales derechos.

La filosofía francmasónica supone, como toda filosofía, una actitud ante la vida, que obliga a observar una conducta en estrecha correspondencia con ella.

La masonería considera que la elevación ética, la emancipación y el progreso de los seres humanos y de los pueblos se consiguen a través de su ilustración por la ciencia, el valor del trabajo y la práctica de la virtud.

No reconoce la masonería, en la investigación de la verdad, ninguna autoridad superior a la razón humana. Considera que las ideas metafísicas son del dominio exclusivo de la apreciación individual, por lo que la Institución rehúsa hacer ninguna afirmación dogmática y, en consecuencia, no prohíbe ni impone ninguna convicción religiosa.

Proclama los principios de absoluta Libertad de Conciencia y Laicismo del Estado como medio para garantizar esa libertad, y permitir a todos los hombres la creencia en los dogmas, si así les place, o no creer en ninguno, si así lo prefieren.

La masonería admite diversos ritos y grados, siempre que dicha diversidad no altere los principios que profesa, los medios que adopta, ni el objeto que se propone.

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Rito Escocés Antiguo y Aceptado

Es el método o sistema de trabajo-estudio masónico más extendido por el mundo. Sus antecedentes remotos se encuentran en la ya mencionada calidad del Maestro escocés, que dio origen en las ciudades inglesas de Londres y Bath, hacia 1730,a sendas logias especiales de “Maestros Escoceses”. Sin embargo, su lenta configuración y estructuración como sistema de trabajo masónico, a lo largo del siglo XVIII, tuvo lugar en Francia y se completo en América.

Los maestros escoceses establecidos en Francia, bajo la protección que Luis XIV dispensara a su pariente, Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, son mencionados por primera vez en las Ordenanzas de la Gran Logia de Francia, de 1743, negándoles la distinción que ellos reivindicaban como masones de mayor grado. Lo innegable es que representaban una corriente decididamente espiritualista frente al racionalismo ascendente de la cultura francesa de las “luces”, proponiendo, como lo harían otros movimientos a lo largo de aquel siglo, la búsqueda de una experiencia personalizada del conocimiento capaz de transformar al individuo, por encima de la mera ilustración. El escocismo no hacía sino poner de relieve que la tradición de los constructores medievales tenía sus raíces profundas en la Tradición Iniciática de las antiguas culturas. Desde 1744, se mencionan en Francia frecuentemente “los grados esoceses” en publicaciones divulgatorias, por lo que la existencia de los mismos viene a ser simultánea a la del tercer grado, establecido en la década anterior y aún no generalizado ni estabilizado en todas las logias. Por ello, y porque el grado iniciático todas las logias de Maestro masón contiene el germen de todo el desarrollo gradual escocista, señalábamos anteriormente que constituye el primero de los grados superiores. Por otra parte, la Gran Logia de Francia había visto aumentar su número de miembros a costa de un descenso cualitativo que, hacia mediados del XVIII, alarmaba a los masones más responsables. Ello decidió al conde de Clermont, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia desde 1743, poco después de su elección y en su calidad de “Gran Maestre de todas las logias de Francia”” (no como Gran Maestre de la Gran Logia), a aprobar la creación de un taller modelo en París: el de San Juan de Jerusalén, en cuyos estatutos (publicados en 1755) se atribuía a los Maestros Escoceses cierta responsabilidad en la custodia del legado de la Tradición masónica en las logias simbólicas14.

La multiplicidad de temas propuestos a la reflexión masónica en las logias, en forma de grado, hizo necesaria la creación de organismos coOrdinadores que facilitaran una estructuración coherente de los mismos. Éstos solían adoptar el nombre de capítulo o consejo. Así surgieron el Capítulo de Clérmont (en 1745) y el Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente (en 1758), cuyo referente escocista inmediato se hallaba en la Logia de San Juan de Jerusalén, antes mencionada.

Observemos que ya la creación de la Logia de San Juan de Jerusalén, primer hito institucional del escocismo en Francia, fue realizada por el Gran Maestre, conde de Clérmont, al margen de la Gran Logia de Francia, aunque en estrecha vinculación con ella. Esta dicotomía formal inspirará, después, el desarrollo de los Supremos Consejos del Rito Escocés, como veremos. El Capítulo de Clérmont, establecido en París, tuvo corta vida. Sin embargo, extendió su sistema de grados a Alemania, donde los temas basados en la leyenda templaría darían lugar a la aparición de importantes estructuras escocistas. El Consejo de Emperadores15 fue creado en París, en torno a 1758, con el subtítulo de Sublime Logia Madre Escocesa, emulando al Consejo Soberano de Caballeros de oriente, surgido poco antes de la Logia de San Juan de Jerusalén. Lo importante del Consejo de Emperadores fue su labor de estructuración y armonización del escocismo en un sistema de veinticinco grados, llamado Rito de Perfección, reuniendo los temas estudiados y trabajados en los diversos capítulos y consejos escoceses de Francia, que, tras su desaparición en torno a 1782, serviría de base al Rito Escocés Antiguo Aceptado (o “y Aceptado”). Señalemos que el Consejo de Emperadores habría creado un Consistorio en Burdeos, del que emanarían los reglamentos y Constituciones de la Masonería de perfección, en 1762, aunque no quedan pruebas documentales irrefutables al respecto.

Lo que es irrefutable es la emisión de una patente, otorgada en 1761 por la Logia de San Juan de Jerusalén, autorizando a Étienne Morin, caballero y príncipe de todas las órdenes de la Masonería de Perfección, a establecer logias del Rito de Perfección en América y allí donde fuere. En 1762, el Gran Maestre de la Gran logia de Inglaterra, conde de Ferrest, extendió aquella autorización a las logias británicas del Nuevo Mundo. Y así lo hizo Morin, creando la Logia de la Perfecta Armonía en Haití y pasando luego a Jamaica, donde nombró Inspector Adjunto a Henry A. Franken, siendo éste quien, de hecho, introdujo el Rito de Perfección en Estados Unidos.

El primer texto completo del sistema llamado Rito Escocés Antiguo y Aceptado, conteniendo los veinticinco grados del de Perfección máS otros ocho, se dio a conocer en 1802 por circular emitida por el Supremo Consejo de Grandes Inspectores Generales del Grado 33° y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Este primer Supremo Consejo del Rito había sido creado en 1801, en Charleston (Carolina del Norte), por masones franceses, procedentes de Haití y refugiados en los Estados Unidos a causa de la guerra colonial haitiana, junto a masones americanos, todos ellos Inspectores Generales del Rito de Perfección. Su primer presidente o Gran Comendador fue John Mitchel, figurando como cofundadores el conde de Grasse-Tilly (que fundó, poco después, el Supremo Consejo de Francia) y Noël Delahogue, entre otros. El sistema de 33 grados de este Rito había sido estudiado y aprobado por Federico II de Prusia, protector de la Masonería, que lo sancionó en las llamadas Constituciones de Berlín, de 1786. Su origen ha sido puesto en duda por algunos críticos, como S. S. Lindsay, Albert Lantoine y Paul Naudon. Sin embargo, Claude Gagne, invesTigador especializado en el tema y miembro del Supremo Consejo de Francia, nos señalaba recientemente a este respecto: En las páginas 2002 a 208 de L’Isle des sages, obra publicada por Francois Nogaret en 1786, aparece la siguiente mención: “Hace poco se han recibido noticias fidedignas de Berlín, informándonos que su Su Majestad prusiana acaba de concluir nuevos reglamentos para la sociedad de los francmasones”. En este caso, la noticia corresponde al año 1785, es decir, el año anterior al de la publicación de las Constituciones de Berlín.

 

Los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado se dividen en cuatro grupos o bloques:

Los tres primeros grados son los comunes a todos los sistemas masónicos, cuya temática hemos resumido en páginas anteriores. Se trabajan en las Logias Simbólicas y contienen en sí potencialmente la iniciación masónica, por lo que los grados superiores representan diversos aspectos de su contenido, siguiendo enseñanzas de la Tradición iniciática universal. Las logias simbólicas suelen federarse formando una Gran Logia o un Gran Oriente y, generalmente, practican el rito o método que ellas mismas adoptan de entre varios existentes. Por esta razón, quedan fuera de la jurisdicción de los Supremos Consejos del Rito escocés Antiguo y Aceptado aquellas logias que practican otros sistemas rituales.

Los diez siguientes (del 4° al 14°) se trabajan en logias llamadas de Perfección y su temática sigue siendo la construcción del Templo y sus vicisitudes. Cada grado contiene una leyenda característica y unos símbolos que se utilizan como utensilios de trabajo. Tanto las leyendas como los demás símbolos son síntesis cuya riqueza espiritual y filosófica va siendo desglosada mediante el estudio-trabajo de los masones simbólicos. El descubrimiento del deber personal, a través del concepto de Ley universal, es parte fundamental de la búsqueda de la Palabra Perdida y del “sentido” de la vida. En ese camino, la realización de la Justicia y la práctica de la Equidad que la equilibra nos van acercando al Conocimiento. En el grado 13° (Arco Real), la leyenda alude al descubrimiento, en una cripta, de una trascripción de la Palabra Perdida, aunque ilegible aún para sus descubridores, que deben proseguir esforzándose en la práctica de la Justicia y del Bien. Estos principios deben ser difundidos por toda la Tierra y éste es el tema de la leyenda del grado 14°.

En el bloque integrado por los grados 15° a 18°, que se trabajan en Capítulo, se accede desde el concepto de Justicia al del Amor universal. Partiendo del esfuerzo en el trabajo constructivo, a pesar de que el primer Templo pueda ser atacado y destruido (como lo fue el de Salomón), el hombre logrará avanzar ayudado por y ayudando a sus semejantes (Caballero de oriente). La nobleza del esfuerzo colaborador caballeresco y su apertura espiritual se destacan en el grado 17° (caballero de Oriente y de Occidente), para pasar a un nuevo concepto de la Ley: es el Amor lo que conduce hasta la Palabra Perdida, su clave. El grado 18° (Caballero Rosa Cruz) representa una síntesis del fin y de los medios de la Masonería universal (Fe, Caridad, Esperanza son las virtudes que dan sentido a la vida). El templo por construir no es material, sino espiritual y los trabajos del grado 18° no se cierran nunca. Tan sólo se interrumpen.

Los grados que van del 19° al 30° se trabajan en logias llamadas Areópagos. El proceso de búsqueda del Conocimiento a través de la construcción, que se persigue en los grados de Perfección, continúa con el descubrimiento del Amor Universal (grados 15° a 18°) para llevarnos a la acción espiritual. Acción que ha de emanar del Conocimiento, consciente de ese Amor que todo lo vincula. Es ésta la filosofía de la acción masónica y, por ello, estos grados reciben el nombre de filosóficos. En el grado 19° el masón busca el camino de la nueva Masonería, que ya no ha de construir templos materiales, sino un mundo más virtuoso y fraternal, una “Jerusalén celeste”. Se subliman la virtudes caballerescas en defensa de esa nueva Jerusalén del Amor, tan distinta de aquella por la que lucharon los templarios medievales, aunque estos grados aludan a ellos como mito. El espíritu de la acción templaria, así entendida, es el que convierte simbólicamente al masón (en el grado 30|) en nuevo caballero de un nuevo Templo al que se asciende por la escala mística de la virtud: el Caballero Kadosh.

El último bloque gradual está integrado por los llamados grados administrativos (31°, 32° y 33°). Las logias en las que se trabajan estos grados son denominadas, respectivamente, Soberano Tribunal, Consistorio y Supremo Consejo. El grado 31° carece de carácter iniciático, siendo su finalidad la de velar por la conservación de las características del Rito y la recta conducta de los masones de todos los grados superiores. El grado 32° exalta el valor de la tradición iniciática como tesoro heredado de los sabios antepasados de la Orden. El grado 33°, y último, está formado por los Soberanos Grandes Inspectores Generales. De entre los miembros de la Orden que alcanzan este grado16, se elige, por cooptación, un número limitado para ejercer la autoridad suprema del Rito en cada país, formándose un Supremo Consejo con potestad jurisdiccional sobre las logias de Perfección, los Capítulos y los Areópagos. A través de esta descripción sucinta del contenido de los diversos grados del sistema Escocés Antiguo y Aceptado, podemos constatar que recogen aspectos importantes de la tradición universal, implícitos en temáticas características de la historia europea y mediterránea, de forma que permite, a quienes se hallan familiarizados con ellos, acceder a un fondo iniciático común a la cultura judeocristiana y a las culturas más antiguas, de las que ésta surgió. Su dimensión esotérica (o de búsqueda de lo trascendente a través de lo inmanente) hace que este amplio sistema ritual permita asimismo comunicar con las otras culturas, puesto que, partiendo de la idiosincrasia de un oficio que engloba otros muchos y es común a todas ellas, como el constructor, se extiende incluyendo profesionales ideales universales, que abarcan desde la noble caballería simbólica hasta el sacerdocio, pero de forma igualmente accesible a quienes no están especializados o no profesan ningún credo religioso. Cada Supremo Consejo estará integrado por un mínimo de nueve y un máximo de 33 masones del grado 33° y presidido por un Soberano Gran Comendador con jurisdicción sobre logias del 4° al 33° grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. La jurisdicción sobre las logias simbólicas de los tres primeros grados corresponde exclusivamente a las Grandes Logias, presididas por sus respectivos Grandes Maestros.

No obstante, y puesto que este sistema escocés de trabajo masónico constituye una unidad dividida en 33 grados, que han de conservar su homogeneidad metodológica, los Supremos Consejos deben ser siempre referentes autorizados, sobre temas rituales, para todas las logias que practiquen este Rito, a modo de especiales Academias conservadoras de su idiosincrasia tradicional. Por ello, estos organismos sólo establecen tratados de trabajo con las Grandes logias u Obediencias comprometidas de la misma forma, en las que se practican los tres primeros grados básicos y a las que pertenecen los Maestros. Un Supremo Consejo sólo puede estar formado por masones tradicionales (respetuosos de las reglas de la Tradición masónica), que pueden acceder a los grados superiores para pasar, eventualmente, a formar parte de cada Supremo Consejo. El primero de los Supremos Consejos de Europa, fundado en 1804 por Grasse-Tilly, tras haberse fundado el de Charleston, fue el de Francia. El primer Supremo Consejo de España fue fundado en Madrid, también por Grasse-Tilly, en 1811).

 

Referencia:
HURTADO, AMANDO
(2001) LA MASONERÍA
Madrid, EDAF, 2da. Edic.

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Breve historia de la Masonería en España

Llegada de la francmasonería moderna a España

Contrariamente a lo que ocurre en gran parte de Europa, la francmasonería moderna durante el siglo XVIII tuvo en España muy escasa -por no decir nula- vigencia. Y la razón es muy sencilla, pues tanto la Inquisición desde 1738, como la autoridad real desde 1751, prohibieron y condenaron la masonería, y no permitieron su desarrollo en España. La conclusión a la que se llega después de un estudio crítico es que la masonería no existió de una forma orgánica en la España del siglo XVIII.

Más que de una existencia organizada y continua de la masonería en la España del siglo XVIII hay que hablar de la presencia esporádica de algunas logias; o del paso de algunos masones extranjeros que no escaparon a la vigilancia y control de la Inquisición.

La primera Logia de la que se tiene noticia cierta en España fue la fundada, el 15 de febrero de 1728, por el duque de Wharton, a la sazón primer Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, y un reducido grupo de ingleses que en aquellas fechas se encontraban en Madrid. En algunos documentos figura como Las Tres Flores de Lys, que era el nombre del hotel francés, situado en la calle ancha de San Bernardo donde se constituyó la logia. También es conocida como la Matritense, pues fue deseo de sus fundadores que se registrara con el nombre de logia de Madrid. Las noticias de esta Logia, integrada únicamente por ingleses, se pierden ya al año siguiente de su fundación.

Warthon

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 La Inquisición española

La introducción de las Logias en España se producía justo cuando la Inquisición ya había iniciado una decadencia, que le llevaría a la definitiva extinción en el siglo XIX.

La política reformista de los Borbones no sólo desplazó a la Inquisición, en cuanto institución, de los círculos influyentes del poder, sino también a ciertos grupos sociales (amplios sectores del clero y numerosos títulos nobiliarios) que, de acuerdo con sus intereses, defendían unas formas políticas caducas y unas ideas religiosas integristas. Tales grupos se introdujeron como oficiales (por lo general, a título honorífico) en la Inquisición utilizando sus estructuras, que aún estaban vigentes, para oponerse a la política ilustrada. Por ello, cuando en 1789, estallaba la Revolución Francesa, tales sectores sociales tuvieron suficientes argumentos para atacar ante el monarca los programas ilustrados de sus antepasados, cuyas ideas habían llevado al caos a la nación vecina.

La invasión de Napoleón y los primeros intentos constitucionales en España sirvieron para definir con más precisión las características y aspiraciones de estos sectores. Además de la defensa de la Inquisición y del catolicismo integrista que practicaban, ahora añadieron (frente a los ideales de la incipiente burguesía) la defensa del absolutismo en política y el carácter nacionalista (frente a los afrancesados) con el que presentaron sus ideales. Cuando Fernando VII restauró el absolutismo (1814), tales grupos no dudaron en apoyarlo y ponerse a su servicio. La hora de la Inquisición y de todos aquellos que la apoyaban había llegado. El Santo Oficio no reducía su campo de acción solamente a lo religioso (perseguir herejes), sino también a lo político. Esta evolución conlleva, asimismo, la distinción de dos períodos en la persecución a la Masonería.

El primer período comprende desde 1738, fecha en la que fue condenada la Masonería por la Santa Sede y en la que se mandó a la Inquisición que la persiguiera, hasta 1789. Durante esta etapa, dominan los aspectos religiosos sobre los políticos en la persecución a la Masonería, según se desprende de los procesos inquisitoriales.

El segundo período se extiende entre 1768 y 1820, fecha de la supresión definitiva de la Inquisición, en el que la Revolución Francesa y sus repercusiones en España hicieron que hubiera una identificación del fenómeno revolucionario y de su ideología con la Masonería, por lo que se comprende fácilmente el predominio de los aspectos políticos sobre los religiosos que guiaron a la Inquisición en su persecución a la Masonería.

Pero los afrancesados no fueron los únicos de ser acusados de masones, también se incluyó en tal categoría a los liberales, tras la restauración del absolutismo por Fernando VII (1814). No parece que los diputados gaditanos pertenecieran a la Masonería durante el tiempo en que duraron las Cortes de 1812; sin embargo, la Inquisición así los consideró como demuestran las listas que realizó tras su restauración, en 1814, en las que aparecen inscritos gran parte de ellos.

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Masonería Bonapartista

A raíz de la invasión francesa se constata en España la implantación de una masonería llamada bonapartista, una masonería oficialista que viene a ser una especie de instrumento político-ideológico en manos de las tropas francesas tras su invasión de 1808.

Esta masonería es doble. Por una parte la integrada por las logias llamadas tradicionalmente de afrancesados, y cuyos principales núcleos fueron las madrileñas logias de Beneficencia de Josefina, Santa Julia, San José, Napoleón el grande, Filadelfos y Estrella de Napoleón, que constituyeron su propia Gran Logia Nacional de España. Por otra, una serie de logias más propiamente bonapartistas por cuanto dependían directamente del Gran Oriente de Francia se encontraban no solamente en Madrid, sino en Barcelona, Figueras, Gerona, San Sebastián, Vitoria, Santoña, Zaragoza, Cádiz, Santander, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla y Talavera de la Reina. La composición de ambos grupos es distinta. Pues en el primero la mayoría de los que la integran son españoles, en tanto que en segundo --salvo muy raras excepciones-- sus integrantes son en su casi totalidad franceses.

Esta masonería bonapartista en España tiene gran importancia, pues se trata por primera vez en nuestro país de la implantación de la masonería de una forma sistemática y en condiciones favorables, sin interferencias ni prohibiciones, bien sea del Gobierno o de la Inquisición. El hecho de que el propio rey José Bonaparte la favoreciera y ostentara el cargo de Gran Maestre explica cierta afluencia de españoles más ligados con el gobierno del rey "intruso". Las logias dependientes del Gran Oriente de Francia desaparecieron prácticamente al marchar los franceses.

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La Francmasonería durante el reinado de Fernando VII

La represión de la masonería en el reinado de Fernando VII es en realidad común a la sufrida por los afrancesados y liberales, tildados en muchas ocasiones de forma indiscriminada de masones. Durante la reacción fernandina el masonismo se identifica con el liberalismo. No deja de ser llamativo el hecho --señalado por José Antonio Ferrer Benimeli-- de que «si bien las noticias directas de la masonería no son muy abundantes durante el reinado de Fernando VII, no se puede decir lo mismo de las indirectas, proporcionadas tanto por la policía como por la Inquisición al servicio del rey Fernando VII». Noticias indirectas, completamente confusas, en las que destaca por encima de todo la voluntad de represión de cuantas personas o grupos participaron con fines más o menos reformadores o liberales en la revolución española. Decir «Francmasón», tal como se advierten en la publicística antimasónica de la época, es sinónimo de maldad, personificada por una sociedad o «especie de cofradía de hombres de todas naciones y lenguas reunidos con el 'santo' fin de destruir todo gobierno y toda religión», y a la que, por consiguiente, había que extirpar (Diccionario razonado manual).

Fernando VII

Con la muerte de Fernando VII en 1833 parece ser que aflojó algún tanto la persecución de la masonería, sin que ésta dejara de ser, sin embargo, una sociedad secreta, y por lo tanto, oficialmente prohibida. En este sentido, el 26 de abril de 1834, la Reina Gobernadora, dio en Aranjuez un Real Decreto amnistiando a los masones y facultándoles el acceso a los cargos públicos, condenando, sin embargo, a quienes siguieran perteneciendo a sectas secretas después de esa fecha. A partir de este momento la masonería en España, entra en franca decadencia.

De hecho, tras esta aparente amnistía, se siguió una política de persecución y prohibición que hizo muy difícil la vida masónica en España. Razón por la que la única tentativa que se conoce de reorganización de la masonería española se hizo desde el extranjero, a partir de 1838, cuando Pedro de Lázaro y Martín, simbólico Padilla, funda en Lisboa un Grande Oriente Nacional de España, del que se conocen al menos tres logias de su dependencia, en Granada, Barcelona y Bilbao, así como un intento de abrir otra en Vitoria.

A partir de este momento empieza un período confuso sobre el que ni siquiera las propias historias masónicas se ponen de acuerdo y sobre el que existe muy poca documentación, si bien hay constancia de la existencia de una serie de logias, especialmente en Barcelona, Cádiz y Gijón. La mayor parte de ellas dependían de obediencias masónicas extranjeras, como las logias San Juan de España y La Sagesse, de Barcelona, y Los Amigos de la Naturaleza y la Humanidad de Gijón auspiciadas por el Grande Oriente de Francia; La Verdadera Iniciación, de Barcelona, por el Grande Oriente de Uruguay; El Faro del Progreso de Barcelona, por el Grande Oriente Lusitano; y la Moralidad y Filantropía de Cádiz, por la Gran Logia Unida de Inglaterra.

De estas se hizo la más famosa la San Juan de España, de Gracia (Barcelona), pues fue denunciada a la policía siendo sorprendida el 18 de abril de 1853. Todos sus miembros fueron presos y posteriormente juzgados. Considerando que la logia de Gracia era una Sociedad Secreta no autorizada por las leyes españolas, fueron condenados, el Venerable de la logia a siete años de prisión mayor, y los once restantes a cuatro años de igual prisión. Todos los condenados serían indultados algún tiempo después por la reina Isabel II.

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El Resurgir de la Masonería Española

El año 1868 es una fecha clave en la historia de la masonería española, pues tras la revolución de septiembre y la caída y expulsión de los Borbones, se alcanzan una serie de libertades, como la de reunión y expresión que llevaron a una profunda transformación social. La masonería española cesó de ser perseguida, lo que permitió un florecer y resurgimiento de la misma después de tantos años de represión policial y trabas gubernamentales.

Sin embargo al organizarse la masonería española inmediatamente se manifestaron los protagonismos personales y la falta de unidad, constituyéndose muy pronto, al menos, cinco grupos u obediencias distintas; a saber: el formado por las logias que dependían del Grande Oriente Lusitano Unido; el de los masones que se agruparon en torno a Ramón Mª Calatrava como Gran Maestre del titulado Grande Oriente Nacional de España; el compuesto por aquellos masones que quisieron organizar la masonería sobre bases más democráticas y racionales, y que fundaron un Gran Oriente de España, eligiendo para Gran Maestre al acaudalado comerciante Carlos C. Magnan y Clark. En Sevilla, pocos años después, se agruparon algunas logias antes dependientes de Lisboa, constituyendo una Gran Logia Independiente Española. Mientras tanto en Barcelona se intentaba la unión de las logias de Cataluña creando un cuerpo intermedio intitulado Gran Capítulo Catalán.

En otras partes se formaron pequeños grupos disidentes o independientes y se resucitaron algunas logias francesas en Gijón, Barcelona y Cartagena, que tras depender del Grande Oriente de Francia se fueron integrando en las diversas obediencias españolas.

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En los albores del siglo XX

Tras la crisis masónica finisecular, con el comienzo del siglo XX, en 1900, puede decirse que las únicas organizaciones masónicas formales que había en España eran el Grande Oriente Español, con su sede en Madrid, y la Gran Logia Regional Catalana Balear, con sede en Barcelona, habiendo desaparecido o dejado de existir todas las demás. Entre ambas masonerías se estableció, en 1903, un pacto de amistad y mutuo reconocimiento por el que la Gran Logia Regional Catalana Balear, que estaba en aquellos tiempos en amistosas relaciones con 42 potencias masónicas del extranjero, consentía en transmitir estas relaciones al Grande Oriente Español. Por su parte el Grande Oriente Español reconocía la absoluta autonomía de la Gran Logia Regional para que actuara en los territorios de Cataluña y las Islas Baleares, sin que el Gran Oriente tuviera la menor ingerencia en esos lugares.

Este pacto fue cumplido estrictamente por ambas partes hasta la muerte de Morayta en 1917 cuando el Grande Oriente Español constituyó logias en Barcelona rompiendo las cláusulas del pacto. Como reacción la Gran Logia Regional Catalana Balear, en 1920, extendió su jurisdicción a todo el territorio de España y asumió el título de Gran Logia Española, integrada a partir de 1921 en la Asociación Masónica Internacional de Ginebra.

A partir de este momento y hasta la guerra civil de 1936 las dos únicas obediencias de importancia en España serán el Grande Oriente Español, y la Gran Logia Española, de la que posteriormente se separarían algunas logias disidentes constituyendo la Gran Logia Unida, que apenas tuvo importancia, y que, en 1931, estaba integrada por tan sólo once logias.

También hubo, desde Barcelona un breve y fallido intento de resucitar el Grande Oriente de España, y en Canarias, en la línea de la reforma autonómica iniciada por el GOE se constituyó, en 1922, una Gran Logia de Canarias, que acabaría, en 1926, auspiciándose a la Gran Logia Española.

La reforma autonómica de 1923 coincidió con la implantación de la Dictadura de Primo de Rivera y un difícil período de persecuciones gubernativas que pusieron al GOE ante una compleja situación legal, siendo encarcelados numerosos masones en diversas ocasiones, incluido el Gran Maestre y demás altas jerarquías de la Orden. Debido a esta situación decidieron suprimir el Boletín Oficial del GOE que dejó de publicarse durante cuatro años. Hasta 1928 no se reanudó su publicación.

A partir de 1930, con la caída de la dictadura, se inicia un nuevo período de euforia masónica que culminará en 1933 para luego iniciar cierta recesión, más apreciable en el número de miembros que en el de logias, debida en gran medida a las campañas de la CEDA y de Falange Española en contra de la masonería.

Aliados Fascistas

Con la sublevación militar de Franco, la masonería fue aniquilada en la llamada zona nacional, refugiándose los masones supervivientes en el territorio republicano o en el extranjero. Como la masonería se adhirió desde el primer momento de la guerra a la República Española, se vio obligada a seguir la suerte de ésta. Una de las últimas noticias, fechada el 1.° de marzo de 1939 cierra con su elocuencia dramática, el ciclo de la guerra. Se trata del salvoconducto dirigido a todos los Talleres y masones regulares esparcidos por la superficie de la tierra, en el que se decía lo siguiente:

SABED: Que en el día de la fecha y en atención a las causas que justifican el estado presente de la España liberal, perseguida por el triunfo de las fuerzas enemigas, la Francmasonería Española se ve obligada a abandonar su país, y espera que todos prestéis la ayuda moral y material a vuestros Hermanos que, en el exilio forzoso, no dudan recibir de vosotros.

Esta "plancha de viaje", como se lee en el documento en cuestión, está firmada por las dos obediencias existentes entonces en España: el Gran Oriente Español, y la Gran Logia Española. Un año después, el 1.° de marzo de 1940, con la promulgación de la Ley de Represión de masonería y comunismo se iniciaba otra etapa: la del total exterminio de la masonería por parte de los vencedores.

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El retorno de la Democracia

Tras la muerte de Franco se sucedieron los intentos por reconstruir la masonería, prohibida desde 1937. Los contactos realizados con los antiguos francmasones republicanos dieron un resultado negativo. El 90%, desengañados, se desentendieron de la organización en la que habían sido iniciados en su lejana juventud.

A finales de 1976, se dieron los primeros pasos para legalizar el Gran Oriente de España, a pesar de la reticencias del entonces Ministro del Interior, Martín Villa, quien denegó en varias ocasiones la constitución de Grandes Logias.

Martín villa

El Gran Oriente de España, por fin legalizado, encontró fuerte controversia con la Gran Logia Simbólica Española (GLSE), obediencia mixta de corte liberal fundada en 1980. El Gran Oriente de España terminó siendo una obediencia vacía, cuyas siglas acabaron siendo objeto de transacción entre sus "propietarios" y la conservadora Gran Logia de España y mantenidas exclusivamente a efectos de reivindicación patrimonial.

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La implantación de la masonería conservadora

Dentro de las distintas corrientes masónicas mundiales, se denomina masonería conservadora a aquella que mantiene vínculos de unión o reconocimiento con la Gran Logia Unida de Inglaterra y que, a diferencia de la masonería francesa, liberal y adogmática, mantiene criterios de regularidad basados en la exigencia a sus miembros de la creencia en Dios, la negación de la iniciación masónica femenina o el tratamiento de cuestiones políticas en sus Logias.

Luis Salat Gussils puede ser considerado como el causante de la implantación de la masonería conservadora en nuestro país. Iniciado en 1935 en la Logia Hermes del Gran Oriente de España, Salat huyó a Francia en los primeros días de la guerra civil y posteriormente a Latinoamérica. Colaboró con el gobierno de EEUU en el esfuerzo bélico durante la II Guerra Mundial, organizando el suministro de caucho desde Manaos (Brasil). Luego pasó a Venezuela, Colombia y Méjico, frecuentando logias.

A finales de los sesenta, Salat entró en contacto con un militar norteamericano de guarnición en Alemania y Gran Maestro de la Logia Continental de Alemania. Este oficial, que contaba con la confianza de la masonería anglosajona, mantenía lazos de extrema cordialidad con J. Roux, dirigente de la Gran Logia Nacional de Francia. A través de Roux, la masonería inglesa dio autorización para que la Gran Logia Nacional Francesa, su sucursal francesa, abriera logias en Occitania, compuestas por españoles. Cuando estas alcanzaran el número y los fondos suficientes como para independizarse, podrían constituir una obediencia bajo su reconocimiento. Ésta se creó oficialmente en 1981. Había nacido la Gran Logia de España (GLE).

Salat promulgó inicialmente una constitución masónica excepcionalmente personalista y rígida. Esgrimió como excusa para sacrificar los niveles de democracia interna el logro de la homogeneización que permitiera el reconocimiento internacional y aseguró que, tras obtenerse, democratizaría los estatutos. Cuando llegó este momento, Salat se negó a hacerlo. La caja de los truenos quedó destapada. En 1988 fueron suspendidos de derechos 35 de los más antiguos miembros de la GLE, el "Gran Consejo" quedó desarticulado e inoperante.

Tras unos años de incertidumbre y conflictos internos, incluyendo denuncias por el uso indebido de los fondos o la expulsión de alguno de sus Grandes Maestros, la GLE no ha conseguido ni la estabilidad en el ámbito interno ni la coherencia suficiente como para convertirse en una Obediencia aglutinadora de la masonería española. En este contexto, de forma creciente se ha producido la irrupción en el panorama masónico español de Logias y Obediencias directamente vinculadas o apoyadas por distintas Obediencias, por lo general de corte liberal, haciendo el escenario masónico de nuestro país, cada vez más semejante al de los países de nuestro entorno.

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La reimplantación de la masonería liberal

El Gran Oriente de Francia.

Hacia los años 1990, algunas de las más importantes Logias españolas habían quedado trabajando de forma independiente a lo largo de toda la geografía, cobrando fuerza entre ellas el convencimiento de que la masonería española posterior al franquismo había equivocado absolutamente su curso y comenzando a repensar su posicionamiento en el marco de la masonería mundial y europea.

En este contexto, la Logia Blasco Ibañez de Valencia, fundada en 1933, fue la primera en iniciar sus contactos con el Gran Oriente de Francia, para concluir en el año 2001 entrando a formar parte de esta Obediencia. Posteriormente serían las Logias Constante Alona de Alicante, Luz Atlántica de Las Palmas, W.A. Mozart en Madrid y Rosario de Acuña en Gijón quienes siguieran sus pasos configurando el grupo inicial de las Logias españolas del Gran Oriente de Francia. A partir de entonces, comienza un panorama nuevo que ha culminado con el reestablecimiento de la masonería liberal y adogmática en España, que entronca con la tradición del Gran Oriente de España, pero que forma parte ahora de una realidad más europeísta y universalista.

¿QUÉ ES PARA NOSOTROS LA MASONERIA?

Para nosotros miembros del Gran Oriente de Francia (GOdF), nuestras Constituciones y Reglamentos, son los que nos marcan la pauta de lo que entendemos por masonería, y son a su vez los instrumentos y consideraciones que dejan claras las diferencias con otras organizaciones masónicas, en tanto que nos indican que estamos ante una Obediencia que considera:

La Francmasonería, es una institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moralidad y la práctica de la solidaridad.

Trabaja por la mejora material y moral, por la perfección intelectual y social de la humanidad.

Tiene por principios la tolerancia mutua, el respeto para con los otros y para consigo mismo y , la Libertad absoluta de Conciencia (1).

Considera las concepciones metafísicas como dominio exclusivo de la apreciación individual de sus miembros, por tanto rechaza toda afirmación dogmática y tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. (2)

  1. La Francmasonería ni es deísta, ni atea, ni siquiera positivista. En tanto que como institución afirma y practica la solidaridad humana, es ajena a cualquier dogma y a cualquier credo religioso. Tiene por único principio el respeto absoluto de la Libertad de Conciencia..
  2. La Francmasonería en sus Reglamentos, abre ampliamente las puertas de sus templos a todas opiniones y a todas las concepciones filosóficas, morales o sociales, y está en contra de cualquier clasificación de los francmasones en categorías de intereses, de opiniones o doctrinas, considerando que esto atenta contra los principios, y contra la Constitución y las tradiciones de la Orden.

TEXTO:
http://www.luzatlantica.org
Respetable Logia Luz Atlántica 1565

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